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Andalucía, el paraíso gastronómico
Antonio Gallardo Galán Alumno de 4º de Periodismo en CEADE
Cuando uno viaja por alguna parte de este variopinto planeta, debe ser consciente de que la mochila o maleta en su defecto, no es la única cosa que debe estar llena. En este sentido, mucho es el porcentaje de nuestro presupuesto viajero el que se esfuma con el propósito de tener contento al paladar, o al siempre abierto apetito. Como para cualquier seguidor de Marco Polo, o de las intrépidas aventuras de Phileas Fogg –en castellano Willy Fogg-, el sector gastronómico es algo bastante delicado, apartado donde hay que echar el resto, ya que no es lo mismo recorrer varios kilómetros con un bocadillo de mortadela siciliana introducido en el cuerpo a base de refrescos baratos, que ofrecerle a nuestro cuerpo una amplia gama de degustación alimenticia. ¿Qué mejor lugar que Andalucía para poder alcanzar este propósito?
Aparte de ofrecer un infinito marco posibilidades en cuanto a variedad turística, desde la majestuosa Alambra granadina, pasando por los preciosos patios cordobeses o, la imperturbable Gades, Andalucía posee un panorama gastronómico sin igual y sin rival. Las posibilidades son infinitas, desde la “a”, hasta la “z”, desde el sur, hasta el norte, lo mires por donde lo mires. Si por algo es conocida esta tierra que bajo el sol lleva siglos y siglos inamovible, es por cómo se come.
El menú es de lo más completo, repleto de ancestrales recetas conocidas en el mundo entero. Si quieres pescaíto frito, ¿a dónde hay que ir?, a Cádiz. Para los jamones y demás embutidos, a Huelva. Si por el contrario apetece entre escala y escala un fresquito salmorejo, el mejor, sin dudarlo, lo encontremos en Córdoba. El mejor aliño de aceitunas, en Jaén. Para una buena sopa de mariscos, Almería; pasando previamente, por Málaga para el disfrute de un exquisito arroz a la marinera. Granada, famosos son sus platos alpujarreños. Y, por último, como colofón, un viaje, no es viaje sin una buena ronda de tapas de la capital de la comunidad, Sevilla.
Sin duda, Andalucía se erige como uno de los puntos calientes en cuanto a turismo gastronómico se refiere. Porque, Andalucía no está para verla…sino para comérsela.
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Turismo a toda costa
Juan A. Jiménez Alumno de 4º de Periodismo en CEADE
Sevilla vivió su mejor verano con la Expo del 92, pero este año la afluencia de turistas ha comenzado a preocupar a la administración y a las empresas privadas que ven en la Expo de Zaragoza una gran amenaza para el sector.
En un intento desesperado porque Sevilla continúe a la cabeza de las ciudades mejor valoradas en cuanto a turismo –así lo ratifica la revista Travel+Leisure, líder del sector, que ha designado a la capital hispalense como la novena mejor ciudad turística de Europa en 2007 y que ya lo fue en 2006-, el Ayuntamiento ha saco un paquete turístico bajo el nombre de ‘Sevilla en verano’. Pero sin duda en un mal verano para sacer adelante una idea tan brillante. Tendremos que esperar a ver los resultados, pero será muy complicado competir con una Exposición Mundial que tiene la intención de acoger a seis millones de turistas.
Se ofrecerán actividades culturales, de ocio y gastronómicas a precios muy competitivos, dirigidas a la captación de turistas a la capital andaluza en época estival. Pero se le olvida al Ayuntamiento recordar a los posibles beneficiarios de estos paquetes turísticos el calor del que se goza en los meses de verano. Aunque eso sí, sin duda es la mejor época para visitarla, pues durante las vacaciones Sevilla se queda solitaria, sin atascos y sin aglomeraciones. El turista en esta época del año es el dueño de la ciudad.
Visitas nocturnas dramatizadas por actores al Real Alcázar, dar clases prácticas de baile en el Museo del Baile Flamenco, entrar gratis en Isla Mágica o Aguopolis o hacer un recorrido guiado por el Palacio de la Condesa de Lebrija o a la Casa de los Pinelo, es la apuesta del Ayuntamiento que ha gastado la nada desdeñable cantidad de 80.000 euros para la campaña de promoción y difusión del producto turístico. La pregunta que nos debemos hacer es, ¿será rentable? ¿no hubiera sido mejor esperar al verano que viene para no tener la tremenda competencia que sin duda será la Expo de Zaragoza?
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Negocios en tiempos difíciles
Andalucía Turística
El turismo se resiente con la crisis. Y eso se nota. La recesión económica ha hecho mella en las compañías aéreas. Así, algunas como Spanair, ya han anunciado importantes recortes de personal; otras, como Raynair, retiran su base de Valencia al no llegar a un acuerdo de colaboración (económica) con el gobierno local; y también las hay que se plantean anular rutas como consecuencia de su baja rentabilidad.
Los hoteles, por su parte, tampoco atraviesan un momento dorado; y este dato lo constata el hecho de que desde hace una temporada ya no se cuelga el cartel de ‘completo’ durante los fines de semana, las fiestas o los puentes.
Por su parte, las cifras cantan: el número de turistas extranjeros en Andalucía desciende un 8,8% y acumula una caída de 1,8% en nueve meses, según ha publicado recientemente la Encuesta de Movimientos Turísticos en Frontera (Frontur). Y con estos datos nos situamos en el tercer destino a nivel nacional.
Aún así, no se trata de ser tremendistas, pues el negocio sigue funcionando y también se publican buenas noticias. Nuevos vuelos desde Granada a Bolonia, o desde Sevilla a París parecen apostar por el turismo desde y hacia Andalucía. Y se construyen, aunque a un ritmo mucho más pausado y precavido, nuevos hoteles en la Comunidad.
Además, hay un sector que crece: el del turismo congresual y de negocios, que cerrará el año con un crecimiento de hasta un 10%. Parece evidente donde se sitúa actualmente el filón, y sería lógico sacarle todo el partido posible. Y en este sentido, Juntas de gobiernos regionales, ayuntamientos, empresarios y, en general, iniciativas públicas y privadas, deber arrimar el hombro y llegar a acuerdos para que funcionen todas las piezas de este rentable engranaje: palacios de congresos, transportes, hoteles, restauración, promoción turística, etc., al servicio de un negocio que puede compensar las pérdidas que la crisis está ocasionando en otros ámbitos: el del ocio y los viajes vacacionales.
La clave no es nada nuevo: aprovechar cada coyuntura, explotar los recursos, agudizar el ingenio, y hacerlo de una manera consensuada, inteligente y con visión empresarial, que es de lo que se trata, para mantenerse y, por qué no, incluso crecer en tiempos difíciles.
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